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Privación de la libertad sobre el cuerpo

Es un tema interminable.  Discutible desde cada ángulo: moral, médico, religioso, político, económico…

Y es que… ¿Deberíamos (ya sea el estado y los gobiernos;  ya sea nosotros, sociedad) permitir que las mujeres aborten?

Como seres humanos, el peor castigo que se puede recibir, que podemos concebir, es la privación de libertad. Esta puede darse en dos planos, privación de la libertad sobre el discurso (censura) y privación de libertad sobre el cuerpo (cárceles).
Ambos tipos de privaciones son ejercidas por un grupo poderoso (estado, iglesia, etc) sobre individuos subordinados a estos (por elección, o no).
El primer tipo, la censura, suele ejercerse sobre todo por grupos de cierta moral hacia otros grupos o individuos que no circunscriben o se oponen abiertamente al discurso de los primeros. Es para mí  uno de los más terribles actos humanos, el discurso, diga lo que diga, nunca debería ser censurado.
El segundo tipo de censura, suele aplicarse a la persona que han cometido un crimen, en general por un grupo que tiene poder de decisión sobre una ética, sobre el grupo de leyes de un territorio, que definen lo que es considera un crimen y si, de ser grave, la pena es la privación de libertad del cuerpo.  Usualmente esto es la cárcel, y se da a en general a personas consideradas un peligro hacia otro ser humano (asesinos, violadores, etc).  El tema sobre el sistema carcelario es muy extenso, y no voy a incurrir en eso ahora.

Ahora. Empecemos.

Las mujeres (término en cual me reconozco y me desarrollé) sufren ambos tipos de privaciones durante toda la historia de la humanidad.
Sobre el discurso: el no poder hablar por ser mujer, no poder estudiar por ser mujer, el no ser tenida en cuenta o que tu palabra no tenga valor…Por ser mujer. El más reciente en nuestra historia, el no poder votar por…etc.  Se pueden nombrar innumerables ejemplos, y cientos de fuentes tanto históricas y enciclopédicas como testimonios directos que los avalen.
Hoy en día, por suerte, esto es algo (siempre hablando desde Argentina) en que se va avanzando, y trabajando, aunque no creo que nunca sea algo que se termine. También hay mucha censura del discurso no sólo sobre la palabra en sí, sino en el modo de expresión.
En lo femenino.
Algo muy común es pensar que bueno, sí, las mujeres pueden ser inteligentes, o poderosas. Pero no pueden ser esto y al mismo tiempo ser femeninas.
Porque si te digo que alguien es inteligente, poderoso, y se presenta delante tuyo una chica, con al menos una hora de trabajo de maquillaje, usando tacos y un vestido rosa con flores, hay algo que no cuadra.
“Está bien. Podés ser mujer e inteligente. Te dejamos, pero tenés que actuar ‘masculinamente’.  ”
Mucho más terrible es cuando recae sobre las mujeres el segundo tipo de privación. La libertad sobre el cuerpo.  Estas que creemos que se realizan cuando el sujeto X comete un crimen.
Y acá está lo terrible.
Hay muchas privaciones sobre el cuerpo femenino sólo por ser cuerpo femenino, como si ser mujer o nacer con cierto órgano reproductivo fuera un crimen en sí.
Quedarse embarazada sin desearlo, no es un crimen.  Pero esto es castigado con al menos 9 meses de privación sobre libertad de decisión sobre tu cuerpo.
No podés elegir.
La elección de abortar (en Argentina, un país donde la interrupción voluntaria del embarazo es ilegal en la mayoría de los casos) sí puede ser llegada a considerarse un crimen. Y sí, se puede ir preso. Te pueden privar de la libertad sobre tu cuerpo, por querer libertad sobre tu cuerpo.
Y sólo por ser mujer.
O incluso peor. Ni siquiera por ser mujer, sino por haber nacido con órganos reproductivos femeninos y que estos se hayan desarrollado de manera funcional.
Porque muchas personas que se quedan embarazadas sin desearlo, no son mujeres. Pueden ser niñas. Pueden ser personas que no se reconocen en el género “mujer” pero nacieron con órganos femeninos.
El contra argumento clásico a lo que acabo de exponer sería que en un aborto la mujer (o bueno, la X persona portadora de una vagina…) no está decidiendo sobre su vida, sino sobre la vida de (y aquí se usan muchos términos sin importar las diferencias) un niño, un feto, otra persona, un bebe, un hijo, un no nato (un…¿Qué?) etc.

Pero acá está el tema. No es un niño, no es una persona. Un feto no es más que un conjunto de células con el potencial de desarrollarse como ser humano. Pero es eso. Un “potencial”. No un real, no un “actual” ser humano.
Y, aunque muchos difieran, las mujeres somos seres humanos reales, ya desarrollados. Ya nacidos. Ya con capacidad de decisión.
Un feto, no es un ser humano. Y sí, tiene vida. Todas las células tienen vida. Las células cancerígenas también tienen vida, y extraerte un cáncer no pareciera ser un crimen.

El otro argumento anti abortista  más “a medias” es que el aborto está bien en casos de violación, pero no en ningún otro caso.
Y con esto me voy a referir al primer tipo de censura sobre la mujer, la censura en el discurso y en el acto, para explicar por qué este argumento me parece tan terrible como cualquier otro. Y es que a la mujer violada (dicho sea de paso, tuvo que hacer una denuncia, tuvo que tener policias que le creyeran, tuvo que pasar un examen médico invasivo en que se decidiera si dijo la verdad o no -examen que pasados ciertos días es irrealizable-, tuvo que tener un juez que aprobara el aborto a tiempo, etc. )  “fue buena y no es su culpa” entonces está bien, esa mujer puede interrumpir el embarazo.
Pero, nos dicen que las mujeres que se quedaron embarazadas por distintas razones (mal uso, desconocimiento, o falla de anticonceptivos,  no uso aún cono conocimiento de estos, etc.) no lo merecen. Fueron…¿Malas? ¿Incorrectas? entonces, no pueden decidir sobre sus cuerpos.
De nuevo, por tomar una decisión sobre tu cuerpo (no tomar anticonceptivos, ponele) y ser mujer, se te priva de la libertad sobre tu cuerpo.
Somos tan lógicos cuando privamos a las minas.
Las privamos de la libertad de su cuerpo porque quieren la libertad de su cuerpo.
Y según algún estándar de alguna moral que decide Magolla sobre lo bueno y malo en los actos y discursos (vos fuiste buena y violada, vos fuiste mala y no te cuidaste) dictamos qué decisión pueden o no tomar sobre ese mismo cuerpo que ya castigamos (con recriminaciones sobre su comportamiento anterior, con exámenes invasivos, etc).
Y último. Yo no estoy a favor del aborto. Nadie lo está. Nadie desea abortar. Así como nadie desea tener que pasar por ningún tipo de enfermedad ni cirugía…
Es riesgoso. En ciertos casos puede ser incómodo o doloroso. En ciertos casos puede incluso haber una carga emocional en la persona.
Nadie quiere pasar por eso.
Pero lamentablemente, a veces, es necesario. Si una toma la decisión de interrumpir un embarazo no deseado, tendrá que usar un método abortivo.
Y acá es cuando entra la legalidad. Nadie deja de tomar la decisión de abortar porque sea o no legal. Y las mujeres que pueden pagan una clínica privada y lo hacen de manera segura. Pero no son la mayoría. La ilegalidad del aborto, lo único que permite es que haya mujeres que tengan que realizar esto en condiciones insalubres, inseguras, o de desconocimiento total (…La percha, la percha). Y tristemente, muchos de esos casos terminan con la muerte de esas mujeres.
Defender la ilegalidad del aborto no es ser pro vida. Puedo asegurarles que con la ilegalidad muere mucho más gente. Defender la ilegalidad del aborto es ser anti mujer.

 
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Publicado por en marzo 4, PM en Sin categoría

 

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Morir por las ideas

La idea es excelente. Yo casi me muero por no haberla tenido.

 

Hablemos de lo que todo el mundo está hablando. Charlie Hebdo, atentado en París, musulmanes y libertad de expresión.

 

Hace dos días, a la mañana del 7/01, a una semana de empezar el año, desperté después de una noche bastante fea, y la primera noticia que salta (en la tele, en internet) es la del atentado contra la revista satírica ultra izquierdosa Charlie Hebdo.
Dudo que a esta altura quede alguien no familiarizado mínimamente con el hecho. Pero igual (como no sé qué escribir) hago un breve repaso. El miércoles pasado se produjo un ataque terrorista contra una revista francesa. La misma era conocida por su irreverencia contra las religiones en general entre otras instituciones; una rápida búsqueda en google y se pueden ver varias de sus tapas. Una suerte de versión francesa de la Barcelona, pero mejor y más en serio (¿o menos en serio?).

Tres personas asociadas de alguna forma al islam, irrumpieron en la sede central de la misma, y fusilaron a matar en total a 12 personas, y dejaron varios heridos. Entre los muertos se encuentran el director de la misma, y varios dibujantes, columnistas, etc.

Mientras veía las noticias, indignada pero honestamente no sorprendida, escucho al periodista que estaba anunciado el hecho decir “la situación de los musulmanes (o dijo árabes?) en Francia es muy complicada, no están bien integrados en la sociedad, ya que ellos mismos no quieren integrarse”.
…Ajá. Bien.

¿Cómo empezar? ¿Por donde empezar?

La cuestión se plantea  a las víctimas novatas. Morir por las ideas, está bien. ¿Pero por cual?

¿A quien defender? Obviamente, desde ya, a las víctimas. ¿Pero qué víctimas? Los primeros en los que pensamos son aquellos que fueron asesinados. Y entonces culpamos a todos los musulmanes, y su religión de mierda, y los empezamos a discriminar…No, pará.
El tema que voy a tratar de desarrollar entonces, si es que puedo ponerle orden a mis ideas, es el de libertad de expresión.
Leí (gracias a Alá, no escuché) muchos comentarios sobre esta revista, en los que si bien no se justifica el hecho se da a entender que estas personas de alguna forma “se lo buscaron” al ofender de este modo a una institución religiosa, a una moral, además conocida por su fundamentalismo y su violencia (porque el catolicismo no es conocido por eso, no). Repudio totalmente este modo de justificación de la violencia y de incitación a la autocensura, pero la pregunta que se seguirá planteado es hasta qué punto se puede defender la libertad de expresión.
Si mis palabras, como individuo, o si mis palabras como institución, o si mis palabras como medio masivo, ofenden y buscan deliberadamente ofender a cierta moral personal, ética pública o institución, ¿La censura es correcta?
Si nuestros derechos terminan donde empiezan los de los demás. ¿Esto incluye, entonces, el derecho de libre expresión? ¿Incluye el derecho de libre discurso?
Si bien, como libertaria que me reconozco, estoy en contra de las acciones de daño deliberado contra una persona física, el daño de la censura es mucho mayor que el daño de una ofensa a una supuesta moral o ética.
La censura del discurso, de cualquier discurso, es el principio del fascismo. Porque el fascismo no es solamente usar esvásticas e ir por la vida pateando judíos. El fascismo empieza en el momento en que se quita la libertad a otro de expresarse, es la primera y más terrible forma de violencia. Quitar la idea. Prohibir la palabra. (Y es que los judíos somos conocidos por hablar mucho y hacer ruido, además de tener narices torcidas).

Y cuando la violencia de instigación a la censura no alcanza, tristemente, se hace uso de la violencia física, contra lo que ellos consideran una amenaza.
Una amenaza es un editor, un dibujante, un columnista.

Pasando a este caso en particular, pasa algo todavía quizás, más terrible. Vuelven a mi cabeza el comentario “ellos se aíslan solos”.  Si bien estoy en contra de toda religión en tanto a estas como institución (especialmente centrado mi crítica en las religiones monoteístas y el mundo occidental, porque bueno, escribo sobre lo que conozco, es lo que hay), de nuevo, no estoy de acuerdo con la censura, de ninguna forma. Y gracias a este hecho sé que todas las voces de gente que pertenece al Islam y actualmente viven en Francia no van a ser tomadas en cuenta (bah, van a ser menos tomadas en cuenta aún). La discriminación contra los inmigrantes y contra el Islam en particular en Francia es terriblemente desoladora. Se les prohíbe practicar sus costumbres (como el uso del velo), se los margina, y además, se les echa la culpa de su propia marginalidad.
“Vos querés vivir así”.
De ninguna forma justifico la violencia fundamentalista, ni a esta religión totalmente militarizada. Pero también hay que velar por toda la gente, toda una identidad, que cada día más es sesgada debido a simplemente haber nacido en una cultura distinta a la cristiana (y no peor ni mejor, y no más ni menos violenta). ¿Qué es lo que lleva a un pueblo a ser tan reaccionario? Cuando se oprime a una persona, los resultados son terribles. Cuando se oprime a toda una cultura, no puede ser más que el principio del fascismo.

Los que caen primero siempre son los que defienden la libertad de todos. Y suelen no ser militares ni líderes, ni religiosos. En este caso, sólo un puñado de periodistas y humoristas que les gustaba burlarse del mundo.

Tengo miedo del panorama que se va pintando. Si bien Argentina no es tan cercana a los hechos, fui criada en la cultura judía en la cual me reconozco y en este país pasó uno de los peores atentados contra el judaísmo por parte de fundamentalistas y terroristas islámicos.
Pero me construí como anarquista (digamo, digamo), y me rehuso a pensar que censurar, marginalizar y demonizar a una cultura distinta a la mía sea la solución de algo. Porque, por más ingenuo que sea mi pensamiento, sostengo que en un mundo en que no se censura la diversidad y no se marginaliza gente, tampoco se masacra a un dibujante o a un escritor por ofender una religión.


Muramos por las ideas. Está bien. Pero de muerte lenta.



Comentario de interés: Antes de ser acusada de plagio por alguien que no entendió la cita indirecta, hago formalmente la cita directa aquí. El título y ciertas frases de acá no me pertenecen, sino que son autoría del señor Georges Brassens, autor y músico, anarco y franchute. Morir por las ideas. Con subtítulos y todo.

 
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Publicado por en enero 9, AM en Sin categoría

 

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Policía, basura…

So’ muerte y dictadura

Ok, este es un post un poco adelantado para la época del año. Es, digamos, más de epoca navideña, pero se me dio por escribirlo antes. (Además necesito procrasticar con algo, que tengo que estudiar porque rindo toda la semana, y escribir parece ser una excusa válida para posponer el estudio un ratito. Más válida que por ejemplo ver series).

Es también un tema un toque complicado, creo.
Empecemos por el contexto.

Yo vivo en Buenos Aires hace casi un año (en 10 días de se cumple un año, ¡Un año!, no pareciera). Antes de ello, estuve casi toda mi vida en Tucumán, aunque no haya nacido en esa provincia. Días después de mudarme, cerca de navidad en el año 2013, pasó algo tremendamente inesperado en Tucumán. Por lo menos, para mí.

En Argentina, tristemente, suele haber saqueos en épocas navideñas, ya como costumbre del país. Y las políticas actuales no hicieron más que reforzar estas cosas, y encima, con una carga de discriminación de clase (hasta racial) tremenda. Llegar a leer cosas como “en el 2001 saqueaban comida y ahora saquean televisores”, como si alguno de los dos fuera mejor.

Por otra parte; la gran mayoría de los robos en Argentina están sustentados por la institución policial, ya sea liberando zonas, o contratando a los mismos ladrones/gente pobre para que robe para estos. Hace poco de hecho, se encontró el cuerpo de Luciano Arruga, un chico asesinado por la policía al negarse a seguir robando para estos. Su cuerpo estuvo desaparecido 5 años.

Mierda! Que hasta escuché yo misma a mujeres contar que habían matado a sus hijos por esto. Y que luego fueron obligadas a callarse mediante amenazas de la institución, amenazas hacia ellas, y hacia la vida de sus otros hijos.

Ni siquiera puedo empezar a describir lo corrupta que es esta institución en este país. Y es que no, no son unos pocos malos. Y no, tampoco son todos malos, y algunos policías buenos. Es TODA la institución.

Y yo sé que en todos lados debe ser más o menos igual. (Menos en Islandia, ponele, donde lo peor que puede pasar es que alguien se robe un pescado o algo así). Pero hablo desde lo que conozco.

Volviendo al 2013, a Tucumán en diciembre. Ese año pasó algo increíble. La policía se acuarteló.

Ahora, esto paso casi en todo el país, hubo disturbios con la policía, “porque la paga es mala”, pongámosle. Pero según entiendo, Tucumán fue la provincia más afectada. En total, fueron 3 días de disturbios. La ciudad estuvo completamente fuera de protección policial. Toda la provincia fue liberada.

Esto produjo una oleada de saqueos (a comercios, a casas) tremenda. Y lo peor, lógicamente, esas personas saqueaban para la misma policía (¿qué más hacer, si es eso o que te maten a tu familia?).
Repito, yo no estuve ahí. Pero pasé por tener que llamar a amigos y conocidos para preguntarles si estaban bien. Ver fotos de hasta niños, niños! armados para defender sus casas (!!!) de los saqueos.
Y es que en un primer momento, pensé que era todo paranoia de la gente (que en parte, lo fue). Hasta que obviamente, pasó a tener un plano real terrible. Porque la misma paranoia de la gente, generó una ola de violencia increíble, que con sólo ver a alguien en moto quizás tu vecino simpático, le disparaba.
Mi hermano me contó del terror de ver a tanta gente común tener tantas armas en su casa, y salir ahora con ellas a la calle. (Y él, vive en microcentro…). El que me diga “en el centro está todo bien, pero yo prefiero no salir a la calle”.
El ver fotos de avenidas enteras con barricadas prendidas fuego a la noche. El no saber si tenerle más miedo al que te pueda robar, al vecino loco con un arma, o al fantasma de la policía, esa cosa tan podrida que tenemos (y que pagamos sus sueldos…).
El tener miedo de que algún conocido que no vive exactamente en el centro donde “parece que está todo bien”, sino en algún barrio de allá, pueda pasarle algo.

Tres días. Todo en tres días.

Lo que reclamaban era, supuestamente, un aumento de sueldo (que fue otorgado). Curiosamente todo esto se dió al mismo tiempo que el crimen de Paulina Lebbos (chica secuestrada y encontrada muerta, también, aparentemente por la policía) estaba siendo investigado, y oh! casualidad, los policías investigados quedaron absueltos.

Y ni puedo empezar por el gobernador de esta provincia. No me da la cara. (Está actualmente cumpliendo su tercer mandato. TERCERO. Es totalmente inconstitucional, que parece una monarquía por dios…). El gobernador que propició todo esto. Diría algo así como “que no supo enfrentarse”, pero sería darle mucho crédito a toda la política tucumana, argentina, y a todos los que la componen.

La cantidad de muertos (que no recuerdo las cifras oficiales, eran cercanas a 10 me parece. Las no oficiales, cercanas a 50) que dejó este hecho. La impunidad de toda la estructura podrida que maneja estas cosas. El terror generado. La violencia social generada. La clase media facha, que nunca falta. Todo lo que salió a flote.

El broche de oro. La tarde que la policía volvió a las calles, después de su aumento de sueldo, la gente salió a manifestarse. Miles de personas. Y ¿qué pasó?, la policía reprimió en la manifestación (y tuvo que intervenir gendarmería, para pararlos).

Somos surrealistas. Y no en un buen sentido.

10 días después, la gente haciendo compras para navidad.

Deseo, con toda mi alma, que esto no pase nunca más. Pero sé que es posible, que siempre está ese fantasma, ese miedo. Porque cuando se le da poder y armas (literalmente, armas), junto con la impunidad de usarlas, a cualquier institución, a cualquiera, sólo puede generarse violencia.

No es un policía. No fue un policía. Fueron todos.

También deseo con toda mi alma que llegue el día en que superemos el miedo social a esa mentira de “el otro”, y no necesitemos de una institución armada para mantener a “el otro” en el margen. Mantener en el margen, en todo sentido. Porque es el mismo sistema el que hace que siga existiendo marginalidad, y haciéndonos creer que nosotros no estamos ahí.

No tengamos más miedo de “el otro”. No tengamos más miedo tampoco de la policía.

Nota al pie: Sé que probablemente me faltan muchos hechos en este post, pero lo iba a hacer muy largo, y ahora sí, debo ir a estudiar. Probablemente vuelva a escribir sobre esto.

Al que le interese, le diría que empiece leyendo wikipedia sobre lo que pasó en 2013

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Rebeliones_policiales_en_Argentina_de_2013


Además, con sólo googlear, salen varios diarios, para todos los gustos (provinciales, nacionales, internacionales).

Ahora sí, saludos. Espero comentarios.

 
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Publicado por en noviembre 8, PM en Sin categoría

 

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Poéticas

Ideario de consejos al escritor

Siempre sentí rechazo a  aquellos escritores (o en todo caso, gente que escribe) argentinos que al momento de escribir, tutean. ¿Quién, argentino, en el discurso real dice “tú”? NADIE.  Si el lecto de todo el país (o casi todo, en realidad) tiene algo unificador así como distintivo con otras formas del castellano, es el voseo. Nosotros decimos “Eh vos” no “Oye tú”. Pero ¡ay! que leo, leí, leeré, poetas y gente con aire de poetas usar el tú al momento de escribir. Entiendo que uno al escribir, se expresa distinto a cuando habla en la cotidianidad (digamo’), pero cambiar todo el léxico y persona en que conjugás el verbo en ‘la realidad’ da (o me da) una sensación de irrealidad e inverosimilitud insoportable. ¿Cuál es la necesidad? Tenés una forma de conjugar única y la desperdiciás, ¿por qué? Además como no es lo que usás corrientemente, lo usás mal.

De alguna forma, al intentar darle poeticidad, todo el discurso poético se cae en ese uso del “tú” cuando querés usar “vos” y no te lo permitís.

Hay una frase, a esta altura cliché que suele decírseles como consejo a todo aquel aspirante a escritor “Escribí sobre lo que conocés”. En general esto suele decírsele a aquel changuito que escribe un cuento sobre, digamos, una colonia africana en el siglo XIX y el changuito nunca agarró un libro de historia, y sus personajes dicen cosas como “Eh, boludo, que bueno el asado del domingo” cuando dialogan. Es decir, el changuito (nueva forma que voy a usar para designar a los florecientes escritores) no puede construir verosimilitud, pero en lugar de claramente decirles “agarrá, buscá, y leé, si querés escribir sobre tal/cual tema” se les dice “Escribí sobre lo que conocés”, y entonces el changuito va y escribe una historia aburridísima sobre sus días de secundaria que no llega a ningún lado.

¿En qué se falla entonces? Se falla en la interpretación de la aburridísima frase “escribí sobre lo que conocés”. Se falla al creer que esta frase refiere a la realidad. Se falla al creer que hay un mundo (una COSA) que conocer, algo real y tangible, conocible y experimentable (y que sólo debemos escribir sobre eso, una vez experimentado).
La escritura literaria no es un ensayo a redactar sobre lo experimentable, meu deus, que entonces todo sería soporífero. La literatura justamente no es una redacción de discurso científico, lo que me faltaba.

Escribí sobre lo que conocés remite a otra cosa (que sino nadie escribiría cosas fantásticas…Imaginate que a Tolkien le hubieran dicho “No escribás sobre hobbits y dragones, escribí sobre lo que conocés, chabón” y el tipo se lo tomaba literal, IMAGINATE); es más bien, digamos, una versión barata del aforismo escrito en la entrada del templo de Apolo en Delfos.
“Conócete a ti mismo”

Aforismo dirigido a todo aquel que lo lea, pero sobre todo tomado por todo aquel que escribe. Poetas, filósofos, matemáticos, físicos (escritores y estudiosos de la physis) todos aquellos entre los que no había distinción en la Grecia antigua. En una sociedad con un discurso floreciente, padre y madre de toda nuestra cultura actual, la única ley sugerida  -y no impuesta- dentro de un templo fue “Conócete a ti mismo”.

Y es que, cuando alguien dice “escribí sobre lo que conoces” no está diciendo “tené todas las experiencias del mundo” (que aunque mal no viene, hay escritores geniales que vivieron encerrados en cuarto, alguien que se atreva a decirle esto a Emily Dickinson ), ni tampoco “limitate a esta área” (recordemos que este “alguien” no es un sujeto parlante real, el real es muy probable que sí quiera decirte esto, pero dejemos de lado a los sujetos reales del habla por ahora, son aburridos). Lo que se refieren es a un “Conócete a ti mismo”. ¿Entonces el changuito debería dejar de lado todo estudio que no sea un autoanálisis? ¿Entonces el changuito no puede escribir pura y exclusivamente sobre álgebra cartesiana?
Conócete a ti mismo se articula con escribí sobre lo que conocés.

Porque lo interesante al escribir no es ni la realidad, ni la subjetividad total. Lo interesante es la forma en que articulamos nuestra subjetividad con nuestras experiencias. Y así como a un escritor le vale viajar por todo el mundo y encerrado se bloquea, y así como otro necesita silencio, y así como otro desarrolla solamente mundos imaginarios, todos pueden lograrse como escritores en el punto que construyen un discurso sobre la articulación entre experiencia alguna (externa, interna,  imaginaria o real) con su ser, su ser en sí, su ideario.

Por último, nada de esto va a garantizar ser o no ser buen escritor, y yo no soy quién para juzgar ni medir, aunque lo haga. Yo misma no me considero buena en lo que hago, y sólo soy una wannabe aspirante a poetisa, ¡Ingenua de mí si creyera que tengo un discurso único o interesante! Eso queda en el lector, su trabajo es juzgar y reconstruir mi (el) discurso.

Pero eso sí, hay un consejo válido, una ley irrompible si querés ser escritor.

Escribí.

 
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Publicado por en octubre 14, AM en Sin categoría

 

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Hablemos de cosas felices…

Son casi las nueve de la mañana, y como es la costumbre para una persona insomne, no dormí en toda la noche.

Debería estar estudiando.

En lugar de eso, estoy en internet, en páginas tales como “casamientos.com” “bodasnovias.com” y similares buscando fotos e ideas de tortas de casamiento.
…Les dejo un momento de reflexión para asimilar la idea y acostumbrarse a la imagen mental que acabo de implantarles (sobre todo a las personas que me conocen en la vida real y están leyendo esto).

 

…Sigamos. Ahora sí. ¿Por qué?

Hoy, por primera vez, voy a hablar de algo feliz… Nop, no amor ni familia (eww!); sino comida.

Esto es vox populi, pero adoro cocinar. Y por al mismo tiempo, adoro comer (en un mundo justo soy gorda como una batata, gracias metabolismo, te adoro).
No sólo me gusta cocinar, sino que además, soy muy buena (y por consiguiente muy crítica con la comida de otros, y por consiguiente, nadie me cocina nunca). Es mi profesión, en el punto en que, aunque nunca estudié formalmente, me crié toda mi vida entre cocinas ya que mis dos padres trabajan en esto, y sé que puedo hacerlo de forma profesional. Lo hice, y probablemente lo siga haciendo de alguna manera cada tanto.

Y es justamente por esto, que estoy viendo tortas de casamiento. Dentro de poco -esperemos- se casa una amiga de mi hermana, y ella quiere regalarle la torta. Como es de esperarse, el trabajo va a caer sobre mí. Y quiero que sea perfecta, ya que nunca hice una y se supone que me especializo en repostería… Y si en un casamiento la comida está mal, todo está mal.

El día que mi mejor amiga se case, probablemente voy a pensar mucho más en la masa de los canapés que decidió servir (¿Base de pan de miga? ¿Brisée? ¿Hojaldrada? ), antes que en tratar acordarme el nombre de su futuro marido. Es más, probablemente mi reacción cuando me diga que va a casarse va a ser hacerla sentir muy mal y dejarla saber cuan decepcionada estoy de ella (“¿¡Qué?!” “¿Con quién?” “¿Estás bien? ¿Estás embarazada?”) y probablemente a los diez minutos, empezar a discutir el menú.
Puede sonar cruel o superficial en un principio, pero voy a justificar el por qué no lo es, y más bien lo contrario.

Primero, no pueden juzgarme. Cuando nos invitan a un evento (reunión, salida, cumpleaños, entierro del gato, etc) lo primerísimo que se nos viene a la mente a todos es la comida. Siempre. Siempre.
Y funciona igual cuando lo organizamos. Pensamos siempre en qué se va a comer, cómo servir, etc. Aunque se reduzca a sólo comprar un paquete de papas fritas y una cerveza, lo hacemos (“¿En donde pongo las papas?”).

Segundo, innegable. Comer causa placer. Además en mi caso, cocinar causa satisfacción (y no necesariamente placer, porque a veces cocinar es todo un estrés, además de todo el dolor físico que implica trabajar siempre con cuchillos, fuego, cosas hirviendo, etc. Una se lastima.) Comer es bueno. Siempre. No sólo porque es necesario (comer permite la vida…), sino porque además, comer produce de alguna forma, felicidad. Libera endorfinas, y todas esas cosas, sí.

Pero hay un punto más importante aún. Comer y cocinar es crear lazos con otras personas.
Uno de los primeros y más fuertes momentos de conexión entre un bebé y su madre es en el momento en que ella le da de lactar. Tengo la idea de que yo no termino de hacer un plato (así sea arroz con sal) hasta que veo la cara de la otra persona cuando lo prueba. Y es que, además, no suelo cocinar mucho para mí sola (o por lo menos no de una manera interesante ni mínimamente elaborada).
Me pasa lo mismo con la escritura. Yo nunca escribo para mí sola (¿Alguien escribe para sí? ¿Alguien hace algo sólo para sí mismo?), y aunque uno pase por todas las etapas de vergüenza de escritor (o pseudo escritor en mi caso), en última instancia, siempre desea que los otros vean y opinen. Eso no quiere decir que necesariamente se busque la aprobación, sino el saber que se causa una conmoción, un ruido, en el otro.

Hay dos cosas principales en las que se funda toda cultura. Dos cosas troncales que nos diferencian del resto de las formas de vida.
Nosotros hablamos. Y nosotros, cocinamos. Palabra, y comida.
Y pensar que la comida que importa (la de no-todos-los-días) es aquella elaborada por grandes chefs, o con ingredientes carísimos, es tan erróneo como pensar que la literatura que importa es aquella que es recitada en francés por un señor con bigote, escrita en el siglo XV en forma de soneto.
Pero no, la cultura se construye siempre desde abajo. Y es en la comida donde vemos primeramente las expresiones de cada cultura. Qué comen, de dónde lo sacan (¿Comen mucha carne? ¿Comen muchos cereales?), que tratamiento le dan a los alimentos. Y más básico aún, ¿Se toman tiempo para comer? ¿Se come en familia, en comunidad? ¿Cocinan en las casas?

La cocina es además en donde se ve tanto lo más básico de la cultura (lo más primitivo) y al mismo tiempo, lo más fundamental. Junto con la palabra aparece el rasgo característico del ser pensante, y es que este transforma la realidad. Y lo primero en transformar es el alimento. Ya no come como un animal, de forma puramente utilitaria. Cocina, conserva, comparte. Y además, esta cocina no tiene la función sólo de mejorar la parte del alimento como tal (no creo que los cavernícolas discutiesen mucho sobre si absorben más nutrientes al cocinar un alimento, o si al agregarle tal o cual condimento se le aporta calorías), sino que crea, necesariamente, lazos.
Se come en familia. Se organiza la estructura política de la misma en base a la división del trabajo que genera el comer (uno recoge el alimento, el otro la cocina, el otro la reparte, a tal se le da más, a los niños les corresponde esto, etc).

(*¿¡Ven como la política se organiza desde abajo?!)

Cocinar y comer, en definitiva, es placentero, es cultural, es social.

 

Y por eso, me importa más la torta que el casamiento.

 

 

 

 

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Publicado por en septiembre 2, AM en Sin categoría

 

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Yo, mayoría absoluta

Este es un tema que quiero desarrollar hace ya, meses (y probablemente algo que vengo pensando hace años), pero me frena el ser incapaz de encontrarle un enfoque correcto, una solución (…imposible, si hago eso me gano un nobel), o aunque sea un análisis concreto.
Es, demasiado amplio. Y probablemente no el tema más interesante para la humanidad que estoy segura que se entretienen más leyendo alguna nota terriblemente mal redactada en La Gaceta sobre una perrita con cara triste, antes que un blog (probablemente también mal redactado, lo dejo a su criterio) con pretensiones intelectualoides sobre temas que su servidora considera importantes.

Pero ES un tema importante.

Y es, el tema de “la masa”. (Y no señora, no me refiero al pan, aunque ya voy a escribir un post sobre comida porque también es importante y prometo que va a ser menos deprimente que este).

La masa, como concepto social, en tanto el sujeto humano deja su individualismo (a falta de mejor palabra, siempre me retan cuando digo “individuo”y derivados) y adapta el comportamiento llamado gregario, de manada (lo que implica seguir a una figura líder y aplacar todo pensamiento/comportamiento subjetivo en base a sostener este ideal, este líder).

 *Es importante decirlo, yo no estoy ni cerca de ser ni una estudiante de sociología o algo parecido, ni en una universidad de mentira, sólo leí muchos libros de chiquita y no quedé bien (cosas como leer Marx a los 13 años no es muy saludable). Esa es toda la idea del blog, sólo pseudo ensayos de opinión, más que algo que se proponga como serio.*

Ahora, hace un…Tiempo, decidí tomar el tema desde el enfoque principalmente del sujeto. Es decir, el rol que cumple la persona con pensamiento subjetivo y único, y el por qué toma la decisión de ser negarse a sí mismo como tal, como sujeto. La idea es, básicamente, que las construcciones sociales (sumamente complejas, claro) empiezan desde abajo, desde la persona (la minoría absoluta…) y eso va creciendo, en situación a los contextos que construyeron a esos sujetos.

Es un concepto difícil en el punto que desde chiquitos nos enseñan en el colegio que El Rey/Presidente/Figura-con-gran-poder toma la decisión y en base a eso el mundo cambia; y oh, la gente se rebela/no se rebela, sigue/no lo sigue, y oh, tenemos guerras y revoluciones, etc.

Bueno…Mi forma de verlo cambia en el punto en que es todo mucho más circunstancial que causal (uno puede analizar la historia ya existente, pero no puede realmente predecir a futuro, recrear situaciones, etc) y, lo más importante, es que todo se construiría desde el “abajo”; que realmente lo que propicia cada cambio no deja de ser la mayoría de la gente, con la minoría total de poder (en teoría). Y desde ahí, me interesa analizar cuál es rol propio del sujeto como figura última (o primera) en movimientos. Y, sobre todo, en los movimientos de masa (siempre de alguna forma, terribles).

Hay infinidades de ejemplos sobre esto, hay una pregunta (tonta, tonta, una broma) que es el “Si pudieras volver en el tiempo, ¿Matarías a Hitler antes de que tenga poder?”. Y aunque probablemente yo no podría (es decir, no puedo viajar en el tiempo…Aún) no cambiaría nada.

Porque justamente no es la figura “HITLER” lo que propició todos los horrores del fascismo, sino todo un contexto social, y en primera/última instancia, cada persona, cada ciudadano (millones, millones, casi toda persona no perseguida) que decidió mirar para otro lado, que decidió el hacer de cuenta que no se sabía, y Hitler no dejó de ser un líder circunstancial. Si no hubiera sido él, hubiera sido otro.

La misma idea puede aplicarse a múltiples momentos históricos, como las dictaduras latinoamericanas en donde al terminar las mismas, la gente cuando se les preguntaba el por qué nadie denunciaba nada muchas veces la respuesta fue “Porque no sabía”. Hay una diferencia entre el no saber, y el mirar para otro lado.

La misma idea puede aplicarse hasta a cosas que muchos pueden llegar a considerar tontas o menos importantes (y quiero decir, que no estoy comparando cada cosa que menciono, sino justamente que la idea de la masa es aplicable a miles de situaciones distintas) como el comer carne (casi, CASI, todos somos medio incapaces de matar una vaca, entendemos que esta sufre, y mucha gente acepta que comer carne no es lo mejor…E igual todos seguimos consumiendo eso por alguna razón). Como el molestar al chiquito nerd en clase, cada niño no es un maldito que quiere que ese ser humano en particular sufra, los niños no tienden a ser crueles, y sin embargo, cuando se juntan entre todos una “maldad” capaz inexistente simplemente aparece.

Ahora, la pregunta es Por Qué. Por qué la gran alarmante mayoría de la gente tiende a comportarse así. Por qué, decidimos aplastar nuestra carga (ética, conciencia, como quieran llamarle), nuestra subjetividad y pensamiento propio por seguir a un líder, a un ideal, a un dios, etc.  

Uno, o por lo menos yo, siempre tendí y tiendo a creer, confiar, en que la gente busca total libertad (de ideas, de acciones, de vida), y que las personas, cada persona, no puede ser cruel (en general, al menos, claro que hay personas malas). Y sin embargo, todo el tiempo las realidades que veo, que leo, y que a veces yo misma propicio, no hacen más que contradecirme.

Hasta ahora, toda respuesta a la que llegué de por qué el sujeto decide aplacarse, seguir la masa y con eso en múltiples casos permitir horrores a la humanidad (incluso hoy en día, por poner un ejemplo, la gran mayoría de la población africana, de todo un continente, se muere por situaciones tan…Tontas y básicas, como hambre, no tener acceso a agua limpia, guerrillas evitables, etc. La humanidad tiene los recursos para frenar eso. Y sin embargo sigue…); toda respuesta fue, simplemente, porque es muy duro.

Y me refiero a que es muy duro, muy desolador, el aceptar la condición humana de la soledad, de la particularidad, de la diferencia.
Es muy duro el hacerse cargo de las ideas y muy fácil seguir a los ideales.
Es muy duro el aceptar que todo no es más que nuestro imaginario. Que no hay un algo másallá.

Tanto que aplacamos nuestro imaginario. Y creamos realidades terribles.

 

Edición: Realmente, me interesaría mucho mucho leer comentarios sobre esto, no sean vagos, escriban… 

 
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Publicado por en agosto 17, PM en Sin categoría

 

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La patria es un invento: Judaísmo y Estado de Israel

Ya que es bastante obvio sobre que va a tratar este post, empiezo con una anécdota más laxa, una conversación que tuve hace relativamente poco con un chico en un bar, del que ni me acuerdo el nombre ni viene al caso.

 

Cuestión que mencionando mi judaísmo me pregunta por qué me tomo como personal el fascismo, siendo que “ya no existe”, que la guerra fue hace 60 años, y dijo “no te creas todo lo que escuchás sobre los nazis”.
Mi respuesta fue que toda mi ascendencia que no llegó a emigrar antes de la guerra murió en campos de concentración, y que 60 años después un salame me viene con un discurso fascista, así que obviamente me lo tomo personal. (Una diversión total mis noches de borrachera, chicos.)

 

Si bien soy atea y no religiosa, me identifico profundamente con la cultura judía, una cultura de letra, palabra, que niega la dogma.

Durante todo el siglo XX se exaltó terriblemente la idea de Estado-Nación, y muchas veces hoy en día se confunden. A mí me es muy necesario marcar una diferencia, Estado es un territorio (físico) con un gobierno, y habitantes. Nación es aquella cultura a la que pertenecemos, en donde nos construimos, en donde nos identificamos, lo que rechazamos, etc.
Mi nacionalidad judía no está, y jamás estará asociada en ningún punto a un estado. Así como mi nacionalidad argentina está más asociada a tomar mate y comer alfajores antes que a una bandera, mi judaísmo es comer knishes de papa, no apoyar a las decisiones del tal o cual gobierno.
Y sí, digamos, Argentina comprende un territorio.
Pero “el judaísmo”, los judíos, no. Miles de años de vagar por la tierra, de dispersarnos, de perseguirnos y masacrarnos (porque la Alemania Nazi no es donde empieza el antisemitismo ni la persecución…)  que culmina en la Segunda Guerra Mundial con su pico más alto, dejando millones y millones de muertos, no se solucionan entregando un pedazo de tierra a los sobrevivientes.
De esa masacre no se vuelve atrás, no se soluciona. Y darle un Estado a una Nación que aprendió a ser (y es hoy en día, aún) ciudadana de la Tierra, del mundo (porque somos pocos pero estamos en todas partes); asociar una cultura y religión que se basa en libertad a un Estado con un territorio en conflicto histórico, no puede crear más que dolor.

La creación del Estado de Israel no hizo más que alimentar todas las heridas de un pueblo, no hizo más que encerrarlo, y exacerbar su rechazo, hacia el pueblo, y desde el pueblo hacia afuera.

Hoy en día el conflicto Palestina-Israel no tiene vuelta atrás. Desde el momento en que la vida de la gente deja de importar por sobre la ideología, el hilo se rompe.

No apoyo al Estado de Israel.

Pero jamás apoyaría al Gobierno Palestino. Me es impensable solidarizarme con el grupo Hamás en que hoy en día tiene en manos al pueblo palestino.

Hamás es de la misma rama ultrareligiosa que atentó contra la Amia (Buenos Aires), contra las torres gemelas (New York), y contra la estación de trenes Atocha (en Madrid), cada uno estimado como la más grande masacre terrorista de su país.

Es un gobierno que oprime a su pueblo, y enseña que la vía de salida es la violencia, y nunca podría solidarizarme con ello.

 

Es curioso como ante el mínimo conflicto, la masa siempre se pone de acuerdo con el opresor, y no con el oprimido cuando responde. Este conflicto, esta guerra, no hará más que estimular el antisemitismo en el común de la gente.

Ninguna guerra es justa ni soluciona nada, porque desde el momento en que una ideología vale más que una vida nos deshumaniza totalmente, y lo peor, deshumaniza a sus víctimas, que pasan a ser solo un número.

Deseo, desde lo más profundo que la guerra acabe, que los habitantes de tanto territorio palestino como israelí puedan vivir en paz, sin que sus vidas estén coartadas por la ideología de sus estados y gobiernos.

Pero dudo mucho que termine.

 

 

PD: Decidí escribir sobre este tema antes que sobre otros conflictos (por ejemplo Siria), solo por una cuestión de que este me afecta de una forma más cercana. Cuando pueda subo sobre otras cosas, por ahora estoy sin computadora porque me la robaron (bien ahí…) y se me complica un toque. Eso. Paz.

 
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Publicado por en julio 29, AM en Sin categoría

 

Todo lo sólido se desvanece en el aRte

La estructura del discurso del delirio.

Meses atrás, en una de las miles charlas filosóficas con el extraneurótico padre judío mío (en realidad es más bien una característica familiar, algunos dirían hasta genética, así como la nariz judía, la neurosis judía) le planteé que el concepto de arte, “qué es” y “qué no es” -en tanto a si es o no arte- debería dejar de tener una entidad de algo sagrado, qué “arte” es un concepto definible, y al mismo tiempo abarcativo. Qué “arte” puede ser hermoso, puede ser bueno, correcto, o puede ser una porquería. Hay literatura buena, y literatura mala, hay cine bueno, cine malo, etc.
Más allá de todo esto del arte y blah (que da para otra entrada, porque recuerden que yo tengo opiniones ampliamente desarrolladas sobre todo, hasta sobre la inmortalidad del cangrejo y la existencia de Mongo Aurelio en el discurso cartesiano), pasado un rato viene de la nada este señor y me pregunta “¿Es el -discurso del- arte delirante?”
La respuesta obvia es no. El arte no es locura, no es delirio. No puede serlo. El arte no es locura. Pero…¿Por qué?
Según mi guía espiritual, wikipedia, delirio es

“Etimológicamente viene del término latino “de-lirare” que significa salir del surco al labrar la tierra. La palabra ha evolucionado para significar la creencia que “se sale” de la norma establecida por el grupo de pertenencia social. En el lenguaje diario, describe una creencia que es falsa, extravagante o derivada de un engaño. En psiquiatría, la definición es necesariamente más precisa e implica que la creencia es patológica (el resultado de una enfermedad o proceso de una enfermedad).”

Y después da estos tres requisitos que deberían cumplirse (por lo menos uno) para que algo sea clasificado de delirio:

  • ser una idea firmemente sostenida pero con fundamentos lógicos inadecuados.
  • ser incorregible con la experiencia o con la demostración de su imposibilidad.
  • ser inadecuada para el contexto cultural del sujeto que la sostiene.

 

Vamos por partes (esto va a ser complicado).

Si tomamos la definición primera de “lo que se sale de la línea”, sí, arte es delirio (¿O acaso el arte es conformista y normativo?).
Si partimos del uso cotidiano “extravagante, derivado de un engaño”, de nuevo, sí, el arte es delirio.
Y si se parte de la definición psiquiátrica de que es una “creencia patológica”…Bueno, no, y sí. Puede serlo tanto como no. El arte puede volverse enfermedad, obsesión, pero el arte nunca es “creencia”. Tampoco es facto.
Es instrumento, en tanto que funciona para atar lo que se rompe (en la psiquis, en la vida, en el cuerpo, etc), pero no tiene plano de “creencia” porque no intenta proponerse (o imponerse) como verdadero ni como falso. Es, el discurso del arte, un discurso abierto, más allá de lo “patológico que pueda ser” (dios, como odio a los psiquiatras). Una creencia patológica (y a escalas terribles) ¿No vendría a ser un discurso que muchos menos llamarían “delirante” como el de la religión?.
Hasta ahora vamos 2 a 1. Según las dos primeras, sí, el arte es delirio. Porque no atañe a la realidad ni a la norma. Pero con estos dos requisitos podríamos llamar a la física cuántica delirio. También a los gays. (Cosa que de hecho hizo la psiquiatría al nombrar la homosexualidad en su lista de enfermedades “oficiales”, lista de la OMS, recién fue removida en 1990). Si alguien quiere indagar en que el arte es delirio porque no es normal y pretende no proponerse en el plano de lo real, lo invito a que escriba sobre eso, yo, prefiero dejar esto de lado, ya que el argumento se cierra bastante en sí absurdo y falaz. Sí, el arte no pretende ser real/normal/whatevah, pero…¿Es por esto delirante? Hay discursos normales y “reales” (cómo si eso existiese, hagamos de cuenta que sí), totalmente delirantes (el capitalismo, por ejemplo).

Ahora, según definición, no es delirio.
¿Pero cumple los requisitos de lo llamado delirante?

“Ser una idea firmemente sostenida pero con fundamentos lógicos inadecuados”
No. Ya dijimos, el arte no es un discurso que pretenda proponerse como verdadero o falso, sino que es distinguible por estar abierto a reinterpretación constante, cuasi infinita.

“Ser incorregible con la experiencia o con la demostración de su imposibilidad.”

No, de nuevo, por lo mismo de antes. No es incorregible ni corregible, es interpretable y reinterpretable, por cada ser humano posible, en miles de formas.

“Ser inadecuada para el contexto cultural del sujeto que la sostiene.”
¿¿Es esto algo válido para calificar de delirante?? Perdoneme, señora, pero esto es terriblemente subjetivo. Es como que a mi me llamen delirante si voy a china y como pan en vez de arroz. No sé, sí, supongo que es delirante sobre este punto, pero en serio, dale, no me digan que cuenta…

Entonces, concluímos que según las definiciones de la Santa Wikipedia, no, el arte no es delirio.
¿Pero entonces, en contraposición, que discursos SÍ son delirantes?

Y he aquí lo terrible. Porque a excepción del último requisito, los discursos más cotidianos por los que está regido el mundo (es decir, capitalismo y cristianismo…Y claro, mi mundo, occidental, o “no-oriental” en todo caso) cumplen ambos requisitos primeros.
Son ideas sostenidas firmemente pero con fundamentos “inadecuados”, o falaces, en todo caso, porque son justamente “incorregibles” (recordar que falacia no es un discurso cuya conclusión sea falsa, sino un discurso que falla en su argumentación más allá de que la conclusión sea válida), y sin embargo son los discursos que dominan todo.
En la norma…
Interpretar, leer, reinterpretar, se considera delirante. (Leer en tanto a leer en serio, en sentido crítico, y no me refiero solamente a leer textos, sino a lecturas sobre todo).
Hacer, no cuestionar, ser funcional a un sistema perverso, no es delirante.  
Ser funcional es la base de no ser delirante. Ser funcional a un sistema delirante, es la base de ser calificado como no delirante…

En definitiva, cuando mi señor padre me preguntó “Pero…¿Por qué?” (¿Por qué el discurso del arte no es delirio? ¿¡Eh, eh!?), mi respuesta no fue esta sarta infumable de argumentos, sino simplemente “No es delirante porque es un discurso abierto. Es un discurso basado en la interpretación, no es circular”
Los discursos que pretenden (y trístemente, logran con facilidad) imponerse, son, totalmente cerrados a interpretación, eso es, lo que los vuelve delirantes. (Y los artistas van y llaman “cerrados” a los que los llaman delirantes…Qué buen uso de palabras!)


Es en el arte donde aquello que es impuesto como verdadero se desvanece. Y todo lo falso también.
(Y no en el marxismo).

 
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Publicado por en mayo 31, AM en Sin categoría

 

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Pero…¿Qué es domesticar?

Todos conocen el cuento de Juanito y el Lobo (bueno, ese, y muchos cuentos con lobos, que hay para hartarse) , ahora voy a hablar sobre el de Francisco y el Lobo.

 

En la época en que Francisco (por las dudas, estoy hablando de San Francisco de Asís) vivió en Gubbio, hubo un gran lobo feroz (ay, debería haber empezado esta historia con “había una vez…”) que se dice, se acercaba al pueblo no solo para robar y matar animales, sino que también ataca al pueblo, a las personas.
Y cada tanto, sin éxito, se juntaban ordas de soldados para defender y tratar de matar al susodicho animal…
Como es vox populi, Francisco tenía la capacidad de hablar con los animales, no sólo entenderlos, sino además lograr que estos le entiendan a él (capacidad que -creo- sólo tuvo el Rey Salomón antes, y bueno, después el de Los Simuladores que podía escuchar a las ballenas) por lo tanto decide enfrentarse al Lobo, e imponerle un trato. Él (el lobo, no Francisco) deja de atacar a la gente, y la gente, a cambio, lo alimentará.

El lobo, acepta.

Lo que aprendemos de este cuento es que San Francisco, es rock y lo todo, o sea, una figura de autoridad que impone la palabra de Dios sobre la voluntad animal…

O no.
Porque si lo pensamos un poco más en profundidad, no es el lobo quien baja la cabeza.
Porque es difícil lograr que un Lobo deje de tener hambre en un invierno sin comida.
Porque lo que logró San Francisco no es que el Lobo deje de atacar, sino que la gente lo alimente voluntariamente y deje de temerle.

 

 

PD: Esta es una mini entrada, medio colgada, pero es linda. Yo tendría que estar escribiendo un ensayo ahora, y como soy amante de la procrastinación hago estas cosas.

 
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Publicado por en abril 24, PM en Sin categoría

 

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Anarquismo de derecha

Argentina.

Últimamente escucho repetir, una y otra vez, en diarios, radios, conocidos, el término “justicia por mano propia”.
Leo y leo comentarios de personas hablando de “delincuentes” (ladrones, generalmente chicos pobres) como si los mismos no fueran humanos.
Humanos no reconociendo a otro ser humano. Y da un poco de miedo.

Para empezar, el término “justicia por mano propia” es incorrecto. La justicia la ejerce el poder judicial (mal, bien, corrupta, tardía, como sea). “Por mano propia” es delito, es venganza, es dejarse llevar por la masa.

Hace un par días murió un pibe (David Moreira) por haber asaltado a una mujer. (¿O intentado? No sé, ¿le devolvieron el bolso a la mina por lo menos?).
Bah, murió, lo mataron, e’ lo mismo, si total es lo que se merecía…¿No?

Decimos que la gente (pobre, ajem) que roba está dispuesta a matar por un celular, por una billetera o por un bolso.
Acá hubo 50 personas (50! Cin-cuen-ta!), buena gente, dispuesta a matar…Por un bolso. Y efectivamente, lo hicieron.
Ponemos esta barrera en que “matar es malo” cuando los que se matan son “los buenos”. Para el resto no. Para el resto mano dura, pena de muerte, tortura.
Y “el resto” y “los buenos” con toda la carga de clase que tiene en nuestro imaginario esta división, no deja de ser algo totalmente subjetivo.

“Justicia por mano propia”. No existe.
Lo segundo muy hablado (comentado, opinado, pseudo argumentado) es que la justicia acá, no sirve. Qué lo-juece’ son todo-uno’ corruptos!

La solución primera que se propone es que los jueces deberían ser elegidos por voto popular.
Y acá va el por qué eso está mal.
Hay una historia muy antigua, en un libro muy viejo, que nos da la pauta de qué es lo que pasa cuando se deja que el voto popular sea el  juez que dicta la condena.
Por qué el voto democrático en elección del poder judicial es retrocer, aproximadamente, 2000 años.
Hace muuuuchos años, un tipito, un señor romano creo que llamado Poncio Pilato decidió que sea el voto popular el que juzgue en lugar de usar su…Bueno, su juicio.
Y así, la masa, votó para que crucifiquen a Jesús, en lugar de a Barrabás, reconocido bandido, el cual fue indultado durante el juicio.
(¿Les suena la historia? ¿Eh? Qué después me vienen a hablar de Dios todos ustedes (?) )

Los jueces tienen la función de condenar (o no) objetivamente, acordando con leyes previas( teniendo en primera instancia constitución y tratados internacionales), y aplicandolas a cada caso en particular.
En argentina, los jueces son elegidos por concurso y el puesto ganado no tiene un periodo fijo como cargos en otros poderes. 
La función del poder tripartito (judicial, legislativo, y ejecutivo) es la descentralización del mismo y a la vez (en teoría gente, en teoría), al ser independientes, el control de que ninguna de las partes abuse de su poder.
Si todos los poderes, son elegidos por voto democrático, está idea empezaría a fallar (bueno, a fallar más).
Además me parece ultra necesario que los jueces rindan concurso, en lugar de ser elegidos a dedo (sin importar que tan justo pueda ser el dedo).

Para hacer una comparación ligera, los profesores universitarios en Argentina obtienen sus puestos gracias a concurso, que deben rendir cada cierto periodo aún ya habiendo obtenido el puesto, para conservarlo.
A nadie se le ocurriría (…quiero creer) que los profesores deberían ser elegidos para sus puestos por voto de los alumnos (¡!), así como nos parecería inconcebible que sean elegidos por el decanato.
Y esto es bueno.

Y yo sé, que acá todo funciona para la garcha, y que todos son corruptos, pero si justificamos la violencia en masa tapándola con una etiqueta de “justicia por mano propia”, vamos a terminar cargando con más sangre en nuestras manos que cualquier juez, que cualquier político, que cualquier perro del poder.


Y sé que en un mundo ideal no necesitamos de jueces.
Pero a veces los mundos ideales son mucho más perversos que los mundos reales.

 

 
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Publicado por en abril 3, PM en Sin categoría

 

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